Elecciones en Kenia: ¿Por qué no ha habido violencia esta vez? (Por Francisco Villamil Fernández)

El pasado 4 de marzo Kenia celebró elecciones para elegir al que sería el próximo presidente del país. Era la primera vez que los keniatas iban a las urnas desde las elecciones de diciembre de 2007, cuando se desencadenó una ola de violencia post-electoral que provocó más de mil muertos, además de heridos y desplazados. El desencadenante de la violencia fueron unos comicios muy disputados y la sospecha de fraude, que hicieron crujir a las intensas divisiones étnicas y políticas del país africano.En las elecciones de 2013 las condiciones eran similares pero, en cambio, no hubo episodios de violencia a gran escala. ¿Por qué?

En esta nota se defiende que un pequeño cambio en la opinión pública, concretamente una mayor confianza en las Cortes de Justicia entre 2008 y 2012, ha provocado que la violencia, entendida como acción colectiva de protesta, no ocurriese de nuevo en 2013. Además de desechar algunargumento alternativo, se defiente la hipótesis con datos del Afrobarometer [1].

La crisis de 2007

Kenia logró la independencia en 1963, y hasta el año 2002 estuvo gobernada por dos dictadores sucesivos, Kenyatta y Moi. Ya desde ese periodo, la política en Kenia ha estado fuertemente marcada por las divisiones étnicas, y cada uno de los dos dictadores favorecieron enormemente a sus grupos étnicos (Kenyatta era Kikuyu y Moi, Kalenjin), extediendo la corrupción por todos los órganos públicos. En 2002 una coalición de opositores pan-étnicaconsiguió derrocar a Moi y traer la democracia a Kenia.Así, en 2002, Mwai Kibaki (de la etnia Kikuyu) ganó unas elecciones prometiendo, entre otras cosas, la reforma de la administración y la imposición de criterios meritocráticos. Sin embargo, no fue así. Las fidelidades de tribu se impusieron a los criterios objetivos de valía, y la “Mount Kenya Mafia” (Economist, 2009), formada por el gobierno de Kikuyu y los seguidores de su misma etnia, se comportó como un grupo oligárquico y corrupto.

Es en este clima de rencores étnicos y promesas incumplidas donde hay que situar las elecciones de finales de 2007. La contienda se daba entre el titular, Kibaki, y Raila Odinga, un líder populista de la tribu Luo que se autoproclamaba el candidato de los menos privilegiados y prometía un reparto de poder y riqueza entre todas las tribus del país. Pero la elección entre Odinga y Kibaki no se limitada a un debate ideológico, si no que “simbolizaba la lucha política entre los Luo y los Kikuyu, que ha encendido el imaginario político en Kenia desde la independencia.” (Cussac, 2009: 48)

El 27 de diciembre de 2007 se celebraron las elecciones, y el tres días más tarde, Kibaki fue declarado presidente de Kenia tras ser reelegido por un pequeño margen sobre Odinga. Tras la publicación de los resultados oficiales, estalló una ola de violencia en protesta contra unas elecciones que se creían amañadas. El ciclo de violencia se hizo cada vez más grave,alcanzando el pico alrededor de los primeros días de enero de 2008 y duró hasta finales de febrero.Su final vino gracias a unos acuerdos, mediados por Kofi Annan, según los cuales Kibaki sería el presidente de Kenia y Odinga el primer ministro, y las carteras ministeriales estarían repartidas a partes iguales entre las dos fuerzas políticas. Durante estos dos meses de violencia, Kenia fue testigo de una tragedia humana: más de mil muertos, miles de violaciones, y cientos de miles de desplazados.

Los disturbios cogieron por sospresa a numerosos analistas y sacudieron la imagen de un país que se creía entre los más estables de África, si bien se han intentando explicar posteriormente y hacer ver que fue algo totalmente previsible. En primer lugar, el problema de la tierra parece haber sido una motivación principal para el estallido de la violencia (Kayinga, 2009; Maupeu, 2009). Kenia atraviesa, desde la independencia, un grave problema sobre el reparto de la tierra que afecta a muchísimas personas y que, al alinearse con las divisiones étnicas, ha cobrado aún más importancia. Por otro lado, hay quién ha visto en la violencia la “expresión de la decepción de todos aquellos que votaron por el cambio en 2002 y no han experimentado ninguna mejoría en su situación” (Cussac, 2009: 51). Es decir, la violencia como una protesta de los más probres contra un sistema injusto en el que, además, se juntaban los favoritismos étnicos y la corrupción (Cussac, 2009; Maupeu, 2009). Por último, los medios de comunicación pudieron haber jugado un papel importante también. Aunque los medios oficiales adoptaron un discurso pro-paz social en cuanto estallaron los primeros conflictos (Rambaud, 2009), la diseminación de mensajes de odio tribal por SMS si parecen haber contribuido a fomentar la violencia (Onyango-Obbo, 2013).

Y, en cierta manera, estos avisos o explicaciones llegaron a los actores políticos.Tras los acuerdos de paz de febrero, la sociedad keniata y muchos observadores internacionalizados estaban, hasta cierto punto,traumatizados por las cotas de violencia que se habían alcanzado a principios de año. Así, desde el lado de gobierno, se intentaron tomar medidas para evitar una repetición del conflicto o para solucionar los viejos problemas que lo habían provocado. Tras los informes que apuntaban a la tierra como causa de la violencia del 2007-2008, la nueva Constitución aprobada en 2010 incluía una motivación a solucionar el problema, promoviento un reparto igualitario de la propiedad agraria (Wanjala, 2013). También algunos organismos internacionales, en concreto la International Criminal Court, tomaron cartas en el asunto juzgando a algunos responsables de la violencia (Chonghaile y Smith, 2012). De cualquier manera, como se verá más adelante, no parece que estos cambios tuviesen un gran efecto sobre la sociedad keniata, al menos, sobre los más pobres.

Las elecciones de 2013

Las elecciones del 4 de marzo de 2013 presentaban una situación no demasiado diferente a las de 2007, y el riesgo de violencia seguía ahí. Los dos grandes candidatos eran Uhuru Kenyatta, sucesor  político de Kibaki e hijo del primer dictador de Kenia tras la independencia (además de ser considerado como el hombre más rico del país) yRaila Odinga, que volvía a intentar conseguir la presidencia. El resultadofue parecido al de 2007, perdiendo Odinga por un pequeño margen en una elecciones con sospecha de fraude, y Kenyatta se convertía en el nuevo presidente de Kenia —al mismo tiempo, por cierto, que se enfrentaba a acusaciones del ICC de ser uno de los principales perpetuadores de la violencia del 2007-2008. Numerosos organismos llevaban meses alertando del alto riesgo que suponían estos comicios pero, a pesar de todo, esta vez no ha habido violencia a gran escala. ¿Por qué? Aunque aún es muy pronto para ver un estudio académico intentando resolver este problema, algunos analistas han dado su opinión al respecto o, de otra manera, se puede intentar explicar a partir de las causas de la violencia del 2007.

En primer lugar, hay que pensar que las condiciones económicas no son muy diferentes. El PIB entre 2005 y 2007 estaba creciendo a más del 6% y, el PIB per cápita, a más del 3%. Aunque en el año 2008 descendieron ambas medidas, han vuelto a subir pero sin alcanzar los niveles de esos años, por lo que las perspectivas económicas no es que sean mejores si no que, en todo caso, son peores que en el año 2007.Aunque no hay datos recientes sobre desigualdad económica, tampoco cabe esperar una mejoría sustancial de los sectores más pobres de la sociedad. Una posibilidad sería el intento (o motivación, más bien) de reforma de la propiedad de la tierra que incluye la Constitución de 2010, pero como dice Wanjala (2013), los sucesivos retrasos de la implementación de la ley, los problemas de financiación del programa y su aprovechamiento sensacionalista en la campaña electoral no parecen ser signos optimistas de cambio. Además, hay bastantes indicios de que debido a las posesiones personales de tierra que tiene Kenyatta, tendrá bastantes incentivos para impedir la reforma.

Charles Onyango-Obbo, un periodista afincado en Kenia, ha afirmado que la razón que se esconde detrás de la no violencia está relacionada con los incentivos de la gente. Su argumento es que no fue un clima de pacifismo lo que motivó la prudencia esta vez, si no un cambio en los incentivos a actuar de todos los keniatas. Por un lado, la movilización de recursos policiales para perseguir a quienes intentaban expandir el odio aumentó el miedo a ser atrapados de quienes tuviesen la intención de repetir la violencia de hace cinco años. Por otro lado, la construcción de varias obras públicas ha sido un incentivo en forma de “palo y zanahoria” haciendo a “la gente creer que el Estado puede realmente soltar dinero y cumplir con la construcción de un gran proyecto público” (Onyango-Obbo, 2013).

A pesar de que sí comparto esta última visión de los incentivos, no creo que construir infraestructuras y demostrar el poder económico del Estado sirva para calma a la gente, especialmente si los problemas de corrupción y desigualdad siguen ahí. El gráfico 1 muestra, con datos del Afrobarometerde 2005, 2008 y 2011, el número depersonas encuestadas que creen que su situación económica será mucho mejor, mejor, igual, peor o mucho peor en un año. En un simple vistazo se ve que hay más gente que cree que su situación va a empeorar, que la que cree que va a mejorar, fenómeno más fuerte incluso en 2011 que en 2008. Además, en 2011 se ve que la distribución se polariza entre aquellos que creen que van a empeorar y los que creen que van a mejor (¿los beneficiados por las obras públicas?). Incluso si se limita la muestra a los más pobres, como muestra el gráfico 2 para 2011, los datos no hacen sino reforzar más el argumento de que no hay una opinión generalizada de mejoría económica, al menos respecto a 2008.

Gráfico 1. Expectativas sobre la propia situación económica para un año respecto a la situación actual (Kenia, 2005, 2008 y 2011)

Imagen1

[Fuente: Afrobarometer, 2005, 2008 y 2011]

Gráfico 2. Expectativas sobre la propia situación económica para un año respecto a la situación actual; sólo aquellos que dicen estar en una muy mala o bastante mala condición económica (Kenia, 2011).

Imagen2

[Fuente: Afrobarometer, 2011]

El problema de la acción colectiva

El argumento que defiende esta nota es que, en realidad, asistir a las protestas se trata de un problema básico de acción colectiva. La diferencia entre 2007-2008 y 2013 es que un pequeño cambio en la opinión pública ha provocado que no se den conflictos a gran escala, a pesar de que probablemente seguía habiendo un grupo de personas dispuestas a repetirlos.

La idea básica es antes de salir a la calle a protestar por unas elecciones que se creen amañadas, todo individuo se enfrenta a una elección entre salir a protestar o quedarse en casa. Y en esa duda entran argumentos a favor (incentivos) y en contra (costes). Lo que hay que entender, o que se asume aquí, es que todo el mundo sale a protestar no por la protesta en sí, si no para conseguir algo. El hecho de que las protestas de 2007-2008 acabaran cuando se acordó un gobierno compartido refuerza esta idea. Así, el principal incentivo para formar parte de la violencia es influir sobre la política. Y en este incentivo entran en juego dos elementos: la probabilidad de conseguir un cambio en el gobierno a través de la violencia y la existencia de alternativas para conseguir el mismo fin. Por otro lado, los costes que desincentivan la participación en las protestas son claros: ser detenido o, peor aún, no volver a casa vivo. Hay que pensar que este argumento se refiere, sobre todo, a los primeros episodios de la violencia, es decir, al proceso de escalada del conflicto.

Así, los primeros días se asume que cada individuo hace una valoración de los incentivos y los costes y decide qué hacer influenciado, y esto es lo importante, por las decisiones del resto de personas. Es decir, cada decisión no es un balance meramente individual, si no que está influenciada por lo que ya han decidido el resto de personas. Así, una persona podría no participar si hay muy poca gente en las protestas, pero una vez que ve que todo el mundo está en ellas, se une.Este fenómeno queda bien explicado a través de los modelos de umbral (Granovetter, 1978; Schelling, 1978).Como ejemplo, vamos a pensar en una fiesta de cumpleaños, y asumir que hay gente que irá aunque no vaya casi nadie, y gente que se unirá sólo si sabe que mucha más gente irá. Es decir, cada persona tiene un umbral de personas esperadas en la fiesta por debajo del cual no acudirá. Traspasando esta idea a un gráfico, se podría poner en el eje horizontal el número de personas esperadas y, en el eje vertical, el numero de personas que iran a la fiesta con esa previsión. El gráfico 3 muestra esos datos (teóricos) para las protestas de Kenia. Fijándose sólo en la línea continua que corresponde a 2007, es razonable suponer que haya un pequeño porcentaje de gente que iría a la protestas pase lo que pase, y gente que no iría bajo ningún concepto (un 10% en cada caso, por ejemplo, los números exactos no importan). Y, entre medias, el resto de personas con valores de umbral diferentes. Así, por ejemplo, si se esperase que acudiesen a las protestas un 75% de la población (de todo el país o de un barrio de chavolas de Nairobi, da igual), irían alrededor del 85%. La características interesante de este tipo de modelo de acción colectiva es que tiene dos equilibrios, uno en torno al 10% de asistencia y otro entorno al 90%. Son equilibrios porque son poco sensibles a variaciones en la asistencia esperada. Y la idea es que la línea gris de 45º define si un fenómeno colectivo va hacia un equilibrio u otro. Si se espera un 25 o 30% de asistencia (porque haya sido la asistencia del día anterior, por ejemplo), irán, en realidad, sólo un 15 o 20%. Al día siguiente, entonces, irá aún menos gente porque ya no se espera un 25-30%, si no un 15-20%. Y así hasta que se llegue al equilibrio entorno al 10% de asistencia, que es ese 10% de población que irá a las protestas pase lo que pase. Lo mismo ocurre, por tanto, con la situación por encima de la línea de 45º, pero al revés. Una asistencia esperada por encima del 50% se convertira en una escala de participación, trayendo cada día a más y más gente hasta que se alcance el equilibrio entorno al 90% de participación.

 Gráfico 3. Modelo teórico de umbral para las protestas post-electorales en Kenia.

Imagen3

Mi argumento es que la curva de umbrales de 2013 cambió debido a un cambio en la opinión pública, provocando que el equilibrio de alta participación fuese mucho más difícil del alcanzar. Como se dijo antes, en la elección entre ir o no a las protestas entra la valoración de los medios alternativos para conseguir el mismo fin. Si puedes conseguir un cambio en el gobierno a través de una plataforma por internet (por ejemplo), puede que no te arriesgues a salir a la calle y unirte a las protestas violentas. Lo que demuestran los datos de opinión pública (gráfico 4) es que en 2011 hay una proporción mayor de keniatas que confían en las Cortes de Justicia que en 2008[2]. Aunque sigue habiendo gente que no confia en ellas, sí hay más gente que lo hace. Este cambio motivó que la población menos dispuesta a participar en las protestas en 2008 lo estuviera aún menos en 2011. Por las razones que sean, más gente confiaba en la Cortes, provocando que su umbral mínimo necesario para participar fuese más grande en 2011 porque creían que podría haber una alternativa a la violencia a través de una denuncia de fraude a las instituciones de justicia, consiguiendo así el mismo fin: alterar el resultado de unas elección que creían amañadas.

 Gráfico 4. Confianza en las Cortes de Justicia (Kenia, 2005, 2008 y 2011)

Imagen4

[Fuente: Afrobarometer]

Este cambio, que probablemente sólo afecto a la gente menos dispuesta a participar desde un principio, provocó que la curva agregada de umbrales cambiase, como se ve en el gráfico 3. Y ese cambio, a priori pequeño, hace que el equilibrio de alta participación sea mucho más difícil de conseguir, pues si en el 2007 se supera la línea de 45º entorno al 45-50% de participación esperada, en el 2011 esa cifra sufre hasta el 65-70%. No hay que tomar estos números como absolutos, si no como relativos, y pensar que es una explicación teórica en la que los números, en realidad, no tienen ningún valor per se. La idea fundamental del argumento es que un cambio en la opinión pública de un grupo pequeño de personas provocó que la acción colectiva de salir a protestar masivamente fuese mucho más difícil de conseguir, y que los focos de violencia que pudiese haber al principio no se extendieran como ocurrió hace cinco años, si no que se apagasen solos.Lo que podía ser un conflicto que se autoalimenta día a día, se convirtió en uno que se autoconsume poco a poco.

Conclusión

A lo largo de esta nota se ha defendido que la razón para queen 2013 no se repitiese la violencia post-electoral de hace cinco años se encuentra en que una parte de la población confiaba más en las Cortes de Justicia, haciendo mucho más difícil que las protestas alcanzaran un punto de equilibrio de alta participación.

Las conclusiones son varias.En primer lugar, este trabajo viene a demostrar que la opinión pública, incluso aunque no se trate de la opinión de todo la población, puede ser un motor de cambio con implicaciones enormes para la vida sociopolítica. Por otro lado, esta explicación, de ser la correcta, tendría una lección muy importante para la prevención de conflicto como el de Kenia en 2007-2008. Lo que viene a decir es que en estos casos puede que la mejor estrategia no sea enfocarse en los sectores más radicales que pueden hacer estallar la violencia al principio, sino en esa parte de la población más anónima que puede convertir en éxito o en fracaso cualquier convocatoria de protestas o violencia.


[1]El Afrobarometer es una proyecto de medida de la opinión pública que se lleva a cabo en varios países africanos desde 1999. Más información en: http://www.afrobarometer.org

[2]No se incluye el gráfico para los más pobres porque los resultados son muy similares.

Referencias

Chonghaile, Clar Ni y Smith, David. (2012) “Court orders four Kenyans to stand trial over 2007 election violence.” The Guardian, 23 de enero de 2012. Disponible en: http://www.guardian.co.uk/world/2012/jan/23/court-kenyans-trial-election-violence (último acceso 22/04/2013).

Cussac, Anne. (2009) “Kibaki Tena? The challenges of a campaign” En Largargue, Jérôme (ed.), The General Elections in Kenya, 2007.Les cahiers d’Afrique de l’Est, nº 38, mayo-agosto 2008, pp. 35—54.Institut Français de Recherche en Afrique.

The Economist. (2009) “How to ruin country.” 26 de febrero de 2009. Disponible en: http://www.economist.com/node/13176864 (último acceso 22/04/2013).

Gettleman, Jeffrey. (2013) “Kenyan Reaction to Disputed Election Is Far Calmer Than Last Time.” New York Times, 11 demarzo de 2013. Disponible en: http://www.nytimes.com/2013/03/12/world/africa/kenyan-reaction-to-disputed-election-is-far-calmer-than-last-time.html?_r=1& (último acceso 22/04/2013).

Granovetter, Mark. (1978) “Threshold models of collective behaviour.” The American Journal of Sociology 83 (6): 1420—1443.

Kanyinga, Karuti. (2009) “The legacy of the white highlands: Land rights, ethnicity and the post-2007 election violence in Kenya.” Journal of Contemporary African Studies 27 (3): 325—344.

Maupeu, Hervé. (2009) “Revisiting post-election violence.” En Largargue, Jérôme (ed.), The General Elections in Kenya, 2007.Les cahiers d’Afrique de l’Est, nº 38, mayo-agosto 2008, pp. 187—223.Institut Français de Recherche en Afrique.

Onyango-Obbo, Charles. (2013) “Why Kenyans didn’t run berserk after the tense March 4 elections.” Daily Nation, op/ed, 13 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.nation.co.ke/oped/Opinion/-/440808/1719220/-/k59i9jz/-/index.html (último acceso 22/04/2013)

Rambaud, Brice. (2009) “Caught between information and condemnation: The Kenyan media in the electoral campaigns of December 2007.”En Largargue, Jérôme (ed.), The General Elections in Kenya, 2007.Les cahiers d’Afrique de l’Est, nº 38, mayo-agosto 2008, pp. 55—104.Institut Français de Recherche en Afrique.

Schelling, Thomas C. (1978) Micromotives and Macrobehaviour. New York, London: W. W. Norton.

Wanjala, Robert. (2013) “Land reform centre-stage in Kenyan election.” Institute for War and Peace Report News. Disponible en: http://iwpr.net/report-news/land-reform-centre-stage-kenyan-election-0 (último acceso 22/04/2013)

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3 comentarios

  1. Si la influencia de la opinión pública sobre los umbrales de acción colectiva en Kenia ha conseguido que en 2013 los comicios no conllevasen una oleada de violencia como en el año 2007-2008, me parece de una relevancia enorme hasta el punto de constituirse como una posible estrategia de pacificación a través de los medios o de determinados grupos sociales para controlar la acción colectiva, aunque esto sea un arma de doble filo, no obstante me sigo cuestionando si el caso de Kenia realmente ha sido un motor de cambio ese giro en la opinión pública, desconozco qué sucedió después de las elecciones de 2013 en el país pero me pregunto qué pasó en el nivel de la política si no hubo protestas, ¿las Cortes de Justicia pudieron comprobar que estaban amañadas?, ¿quién gobernó finalmente?, ¿en qué situación política se encuentra el país desde entonces?

    Por último, y saliéndome un poco del tema, también me surge la duda sobre el modelo estatal, ¿es aplicable en todas partes del mundo? En lugares con población organizada por comunidades como ocurre en muchos países africanos, ¿no estará el modelo de organización estatal haciendo más mal que bien?

  2. L.I. Celorio · · Responder

    Cómo hemos estudiado en clase la opinión pública lejos de ser la opinión de la mayoría, es la opinión dominante en los medios, cuya finalidad lejos de promover el cambio se encuentra en mantener el Status Quo.

    El caso Keniata llama particularmente la atención porque incluso con una situación peor que la de las elecciones de 2007, recordemos que la crisis económica se desencadeno a finales 2008 y que los países africanos como exportadores de materias primas se han visto muy afectados ante la bajada del consumo de sus principales compradores, las elecciones de 2011 se han desarrollo en un clima de normalidad que como dices es las conclusiones se muy probable que se deba a la confianza que los individuos han desarrollado por sus instituciones.

    Recordemos que la historia reciente del país es bastante convulsa, como muchos países africanos ha estado bajo dominio de dictadores durante un largo periodo y los intentos por llevar la democracia han terminado en el mayor de los casos en explosiones de violencia y en guerras civil, era entendible entonces que ante la duda las elecciones 2007 tuvieran consecuencias violentas. Cómo también es entendible que en las pasadas elecciones la memoria histórica reciente y el desarrollo de una incipiente fe en sus instituciones hayan evitado el conflicto a pesar del caldo de cultivo.

  3. Hugo González · · Responder

    Entiendo y comparto la aplicación de los modelos teóricos de umbral de Schelling y Granovetter para esta situación en concreto, ya que pienso que éste es un análisis complementario al que puede hacer la sociología más tradicional que apenas se fijaría en las motivaciones que mueven al individuo. No obstante, me parece algo insuficiente en cuanto a motivos la explicación del cambio de conducta con respecto a los años 2007 y 2008 por parte de los keniatas. Sólo un ligero cambio en la confianza en las Cortes de Justicia no creo que explique totalmente un cambio en la conducta de un país. A mí parecer, para empezar sería necesario conocer el tratamiento que los medios de comunicación han otorgado a las protestas y, de esta forma, poder ver los efectos que esto ha tenido en otras variables (como puede ser perfectamente la confianza en las Cortes de Justicia). No obstante, esto es algo complicado de medir y conocer, y más trabajando desde España.

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